El delito de María Luisa (84): 64 años a cargo de un hijo sordociego con el más triste final

Analizamos el papel de las instituciones ante un infortunado caso de delito de asesinato con el agravante de parentesco

19/02/2017

64 años a cargo de un hijo sordociego

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Cualquier padre o madre con un hijo con discapacidad sabe la angustia que representa no saber qué será del hijo cuando ya no estén presentes o salud les impida continuar cumpliendo su misión de cuidadores. El caso que exponemos es la más dramática expresión de soluciones desesperadas causadas por la falta de soporte institucional. ¿Seguirán las Administraciones indiferentes ante tanto dolor?

Desde la Federación Española de Sordoceguera (FESOCE), nos vemos en la imperiosa necesidad de pronunciarnos ante el caso de María Luisa M.B, citada el pasado día 16 de febrero por la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Madrid por la presunta comisión de un delito de asesinato con alevosía, con el agravante de parentesco, causado sobre un hijo de “64 años, ciego, sordo y mudo, con minusvalía mental y una evidente falta de movilidad”

Afortunadamente, no hubo juicio. La defensa alcanzó un acuerdo de conformidad con la Fiscalía y, en lugar de entrar en prisión, la condena se limitó a imponer libertad vigilada con tratamiento psiquiátrico externo durante 6 años. En términos judiciales, María Luisa obtuvo casi la mejor sentencia posible, pero para una madre llegar a esta situación no es ningún motivo de celebración.

64 años a cargo de un hijo sordociego

El caso en cuestión parece corresponder al de una persona con sordoceguera (posiblemente congénita), con un complejo cuadro clínico añadido y con pérdida total de autonomía. Si se añaden las edades del dependiente (64) y del cuidador (84), entendemos que se trata de una situación con enorme desgaste físico, emocional y afectivo.

Nos hiere profundamente ver un cuadro como el descrito y saber que hay muchos más en potencia, con padres desesperados al hacerse mayores y enfrentar la angustia de dejar al hijo en situación de indefensión. Los padres saben que el hijo dependiente necesita un recurso residencial adaptado a sus necesidades, pero saben igualmente que ese recurso no existe.

La enorme falta de recursos residenciales para personas con sordoceguera

En España existe un único centro residencial para persona con sordoceguera, el Centro Santa Ángela de la Cruz, en Sevilla, con 17 plazas. Menos de 20 plazas para una población (sin censo oficial) que puede variar entre las 7.000 y las 230.000, según las fuentes. Menos de 20 plazas para las personas sordociegas de TODA España. La Administración lleva décadas haciendo oídos sordos a esta necesidad.

¿Por qué no pueden (deben) ir a un centro generalista o quedarse a cargo de otra persona? Básicamente porque tienen necesidades especiales que no pueden ser atendidas en grupo o por personas sin conocimientos específicos:

  1. Las personas con sordoceguera tienen fundamentalmente un problema de falta de acceso a la comunicación, a la información, a la orientación y a la movilidad. No se trata de que no vean, no oigan y no hablen, es que el mundo es un ente indescifrable. Si estas personas no son atendidas profesionalmente en el ámbito de la comunicación acaban aparcadas, aisladas, desconectadas del mundo físico y social y en un estado de total vulnerabilidad.
  1. Necesitan atención permanente uno a uno. Más allá de las otras necesidades sociosanitarias, una persona con estas características necesita disponer de comunicación específica por la vía del tacto. Una atención que solo puede proveer un profesional especializado (mediador en sordoceguera) y después de un trabajo de habilitación que permita establecer un sistema de comunicación adaptado.
  1. A falta de estas atenciones la familia acaba generando sistemas espontáneos de comunicación para atender a las necesidades más básicas: alimentación, aseo, etc. En algunos casos únicamente el familiar a cargo conoce cómo comunicarse. En ocasiones, el dependiente solo acepta el trato de la persona con la que puede comunicarse. Después de 64 años a cargo de un hijo sordociego es muy probable que fuera este el caso.
  1. Los Servicios Sociales en España no tienen implementados protocolos de detección y abordaje de casos de sordoceguera. En el mejor de los casos acaban derivados a un centro generalista o a lo que buenamente pueda hacer la familia con una pensión por discapacidad.

La falta de protocolos en los Servicios Sociales

Desconocemos los detalles del caso en cuestión y ningún caso negamos estar ante un resultado absolutamente indeseable. Sin embargo, la situación nos obliga a hacer un llamado ético y moral sobre la posible responsabilidad que las instituciones puedan tener al respecto. Ante una situación tan extrema como una madre 64 años a cargo de un hijo sordociego y totalmente dependiente, cabe preguntarse:

  1. ¿Había alguna persona capaz de comunicarse con hijo, además de la madre?
  2. ¿Recibía o recibió el hijo atenciones específicas para una persona con sordoceguera? ¿atenciones orientadas a conectarle con el entorno?
  3. ¿Se planteó en algún momento algún tipo de ayuda asistencial orientada a evitar el aislamiento comunicativo?
  4. ¿Existía algún recurso residencial adaptado a sus necesidades de comunicación y que fuese ofrecido a la familia y que incluyese un proceso de transición/adaptación progresiva?

Finalmente, y como padre de una joven de 26 años con sordoceguera congénita puedo dar fe de que el agotamiento y la angustia de los padres al hacernos mayores es un común denominador al que los Servicios Sociales no ofrecen ninguna solución válida.

Desde la FESOCE, invito a una profunda reflexión sobre la cuota de responsabilidad institucional que puede haber detrás de un caso tan lamentable como este. No permitamos que la historia de Maria Luisa se vuelva a repetir.

Ricard López

Presidente. Federación Española de Sordoceguera (FESOCE)

2018-02-19T17:12:22+00:0019 Feb, 2018|Noticias|